A mis amigas sin hijos

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Desde hace tiempo me he debatido en qué decirles.  Mi vida ha cambiado tanto que a veces no tenemos cosas en común.

¿Se acuerdan cuando hablábamos todos los días? ¿O cuando podíamos comentar el sábado de como había estado nuestra noche del viernes?

Creo que si les digo qué hice el viernes: bajar fiebre, limpiar un par de nalguitas sucias, sacarme leche mientras cenábamos, preparar la ropa de la natación, ir a la farmacia (porque siempre hay algo que hace falta, no necesariamente medicinas), y, cuando llegó el plan más esperado, acostarnos a ver una película, nos quedamos dormidos; seguramente se espantarían.  Probablemente no más de lo que las espanté los primeros meses cuando nació mi primer bebé, con mis llantos de desvelos, mi frustración de la lactancia o simplemente mi cansancio extremo.

Pero quiero que sepan que soy inmensamente feliz, aunque las arrugas en mis ojos, o las estrías en mi vientre parecieran decir otra cosa.

Eso no significa que tener hijos sea la única razón de felicidad.  Y si no está en su plan de vida, las entiendo perfectamente.  Porque aunque sea feliz, a veces envidio su libertad, a veces envidio la capacidad que tienen para descansar, o sus planes espontáneos, sus viajes sin cargar con millones de maletas, sus viajes con amigas, sus almuerzos sin convertirse en pulpo, sus idas al cine, sus carreras prominentes, pero sobre todo, el tiempo, el tiempo que tienen para devorarse el mundo.

¿Si lo volvería hacer? Mil y un millón de veces sí.  Aún con lo que trae, volvería a tener a mis hijos, siempre.  ¿Si tendré más? No lo sé.  No me pregunten eso.  Estoy en una fase de supervivencia, hay días que no sé ni cómo se llaman mis hijos, o qué día es, o si mi blusa combina con mi pantalón, muchísimo menos sé si tendremos más hijos.  Con los que tengo, tengo las manos llenas y el corazón también.

Sé que si ustedes ven el caos en el que se ha convertido mi vida, dudan de si quieren eso para ustedes.  Y es que yo no lo escondo, es difícil, es caótico, es agotador, pero es maravilloso.  A veces les muestro solo el lado terrible y no las bombardeo con los primeros aplausos, la primera gateada, los primeros pasos, las primeras sonrisas, será que me acostumbré a poderles decir todo, y las uso para desahogarme.

Sea cual sea su decisión, si quieren tener hijos o no, si pueden tener hijos o no, yo las apoyaré.  Porque si algo he descubierto es que por más increíble que sea, es una decisión que te cambia la vida.  Demasiado.  Así que sea cual sea en la fase en la que estén, disfruten el tiempo antes de tenerlos, o su tiempo si nunca los tendrán.  Disfruten las cosas triviales, una ducha larga, una comida caliente, manejar escuchando su música a todo volumen, dormir hasta tarde, dormir todo el día, dormiiiir, disfruten de dormir, hacer ejercicio sin presión de tiempo, hacer planes sin planear, disfruten todo.  Porque más adelante van a disfrutar, pero estas pequeñas cosas, seguro las van a extrañar.

Lo que puedo decirles sin lugar a dudas, es que las extraño como nunca.  Extraño poder estar en la misma página que ustedes, aunque sé que es imposible, extraño poder buscarlas para consejos, extraño poder hablar por horas.  Lo extraño.

Sé que probablemente no he sido la mejor amiga para ustedes.  Tengo tantos roles ahora, que me cuesta ser esa amiga que está presente en todo momento, esa amiga que puede acompañarlas en sus planes, en sus experiencias, esa amiga que siempre está allí.  No significa que no quiera hacerlo, quiero que sepan eso.

El día que estén en la misma fase que yo, me podrán llamar a deshoras, llorar en mi oído, sea cual sea su estilo de ser mamá, las entenderé completa y absolutamente, y sobre todo, seré feliz, feliz de compartir con ustedes el camino de la maternidad.

Foto por David Photoimagen

Sales del hospital y tu bebé no

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Yo puedo decir que mis partos han salido súper bien.  No han sido perfectos, y probablemente para mí han sido horribles por el dolor, pero todo ha salido bien.

Ambos fueron inducidos, y ambos bebés tuvieron que quedarse en incubadora durante la primera noche.  Pero, mi primer hijo, tuvo que quedarse más que eso.

El tiempo que mi bebé pasó en el hospital no es nada comparado con el de otros.  Nacíó un miércoles, yo salí del hospital viernes, y él, domingo.  Fueron dos noches en casa solos.  Dos noches en las que lloré y no dormí porque pasé de sentirlo en mi vientre todo el día, a tenerlo en un hospital con horario de visita.

Ninguna mamá está lista para ese escenario.  Todas nos imaginamos ese momento de llegar a casa del hospital con nuestro bebé en los brazos, mostrarle la casa, su habitación, abrazarlo y besarlo, tenerlo pegado al pecho.  Pero, muchas veces eso no pasa, y sea 1 día o mil los que estamos separados, siempre se siente como una eternidad.

Mi hijo nació muy agitado.  Pasamos en labor casi 10 horas, yo venía de una gripe fuertísima con fiebre y tos, así que estaba tan cansada y adolorida que luego de la epidural me quedé dormida (si dormida, ya me habían dado otro medicamento para el dolor pero lo único que funcionó fue la epidural), así que dejé de hacer contracciones.  Mi hijo siguió intentando nacer y al final tuvieron que inyectarme más oxitocina para que pudiera dilatar por completo.  Todos los bebés al nacer reciben un puntaje llamado APGAR que determina si necesita ayuda con la respiración o está teniendo problemas cardíacos, mi hijo tuvo un puntaje más bajo de lo normal.  Así que después de darle un beso y sostenerlo unos segundos, se lo llevaron.

Esa noche fue horrible porque no podía verlo, estaba en incubadora y yo no podía dejar de estar preocupada, a pesar de que el doctor me aseguraba que todo iba bien.  Lo peor de todo era el vacío en mi vientre, después de meses de sentirlo moverse, de poder hablarle, de saber que estaba allí conmigo… No tenerlo cerca, es una situación difícil.  No sentí paz hasta la mañana siguiente que me lo llevaron ya cuando sus signos vitales se normalizaron.

Esa misma noche llegaron a buscarme para decirme que tenían que llevárselo de nuevo puesto que después de hacerle unos exámenes, habían determinado que tenía una infección e iban a empezar a darle antibiótico.  Me explicaron los horarios de visita, que podía ponerme el saca leches cuando no estábamos juntos para estimular mi producción de leche,  que todo iba a estar bien.  No podía parar de llorar.  Aunque fuera algo sencillo, no hay mamá que no quisiera que su bebé esté perfecto, y tenerlo en sus brazos.

Al día siguiente me explicaron que mi hijo tendría que quedarse en el hospital 72 horas por lo menos, que podía quedarme allí o irme a la casa.  Preferí irme a la casa.  No tenía sentido estar en el hospital si no podía verlo más que 3 veces al día por 1 hora.  Así que me tocó llegar a mi casa, ver su habitación, ver todo lo que tenía listo para él, y sentarme a esperar la hora de visita.

La gente te dice que aproveches a descansar.  Es más, hasta yo le digo a la gente que conozco que pasa por situaciones similares que descansen.  Pero ¿saben qué? Es imposible descansar.  Imposible.   Tu mente está en otro lado.  Ni siquiera me sacaba leche.  A pesar de que me bajó no podía sentarme con el sacaleches, el ánimo no me lo permitía. Lo que quería era sentir a mi bebé, quería dejar de preocuparme.

Todo salió bien y después de 72 horas llegamos a casa, pero no puedo negar que lloré muchísimo y me preocupé todavía más.

Admiro realmente a las mamás que pasan meses con sus bebés en el hospital.  Lo único que ayuda es saber que tiene los mejores cuidados posibles.  Pero el dolor de estar separados… No se compara.

Lo único que puedo decirle a otra mamá que pasa por una situación similar es que habemos muchas que estamos contigo.  Haya sido 1 día, 2 ó 3, entendemos.  Entendemos esa sensación de dormir sin tu hijo cerca a pesar de que tu sueño era hacerlo.  Entendemos el vacío en tu vientre y en tu corazón.  Entendemos las ganas interminables de llorar.  Entendemos los nervios y el estrés por que todo salga bien.  Entendemos el dolor de cruzar la puerta del hospital y que tu hijo se quede adentro.    Entendemos.  Quisiera poder decirte que descanses, y saber que podrás hacerlo. Quisiera poder decirte que todo estará bien.  Pero no lo sé.   Lo que sí sé es que hay muchas mamás que estamos dispuestas a acompañarte en esos días, noches o meses si lo necesitas.

Adaptándome a la vida de mamá trabajadora

Mama trabajadora

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Todavía recuerdo mis últimos días antes de salir de maternidad, tenía miedo, en especial porque iba a pasar varios meses sin goce de sueldo (que pedí adicionales a la licencia de maternidad).  El tiempo se pasó volando.  No pude extrañar el trabajo.

Y ahora, se acabó.  Me gocé a mi hijo como nunca.  Me gocé a mi bebé muchísimo.  Escribí muchísimo en el blog.  Mañanas de piscina, tardes de galletas o pasteles, y a veces hasta siestas por las tardes.  Pero, ya estoy de regreso a la realidad.  A mí realidad.

Y con todo ese regreso a la realidad viene una etapa de adaptación.  Todo el mundo te pregunta cómo vas.  Para mí, es muy pronto para saber.  Todavía me consigo chupones (pepes) o carritos en mi bolsa, todavía mi hijo llora cada vez que me voy, todavía me mandan fotos y se me llenan los ojos de lágrimas, pero honestamente, siento que me ha ido bien.  Ha sido tan diferente a mi primer regreso, que realmente no sé si todavía no he aceptado que ya volví.

Y, en estos días, me he dado cuenta de ciertas cosas:

  1. Mis pies ya no están acostumbrados a los tacones.
  2. La memoria para almacenar dosis de medicinas, lugares de escondite de juguetes, letras de las canciones de niños, ha consumido todo el espacio que había en mi cerebro.
  3. A veces cuando me hablan una palabra activa una canción de niños en mi cabeza.  Alguien dice “un día” y yo en mi cabeza estoy “Hoy es un día especial, hoy es un día especial, lo esperé todo el año y por fin está aquí”.  Esto necesita parar.  Ya.
  4. Los nombres de mis hijos son lo primero que viene a mi mente al tratar de recordar el nombre de alguien, esté hablando con quien esté hablando.
  5. Realmente perdí millones de neuronas en el embarazo.  O en el parto.  O dando de comer en la madrugada.  El tema es que las perdí.
  6. Estoy mucho más consciente de cuando me ahogo en un vaso de agua.  Los problemas no son tan grandes, en casa o en la oficina, todo tiene solución.
  7. He descubierto lo que es realmente pasar horas sin ir al baño, o sin tomar agua, por no querer perder ni un segundo.
  8. Sacarme leche sola en un cuarto de lactancia no se compara con darle de comer a mi bebé.  Valoro mil veces más nuestro momento.
  9. Vivir todo el día con hambre y no comer algo cada 30 minutos, es posible.  Cosa que creía imposible cuando tenía la cocina al lado, o las galletas de mis hijos en la bolsa.
  10. Puedo subir escaleras cargando 20 libras, de la mano de un niño, con bolsa y pañalera, pero subir escaleras con tacones, bolsa, computadora y sacaleches me hace sentir como si corrí 5K (o más).
  11. Mi tiempo vale oro.  El tiempo para platicar con la gente del trabajo es cada vez menor, el tiempo para los amigos es cada vez menor, el tiempo para el celular es cada vez menor, porque ahora mi familia y mi trabajo son los dueños del mismo.
  12. Una foto de tus hijos sonriendo puede hacerte llorar, una foto de tus hijos comiendo puede hacerte llorar, una foto de tus hijos llorando puede hacerte llorar también.
  13. Cuando alguien te pregunta por tus hijos inmediatamente le muestras mil fotos en el celular, a pesar de que no te pidieron verlo.  Sí, soy esa mamá orgullosa.
  14. No hay nada como la sonrisa de felicidad cuando te ven cruzar por la puerta.
  15. Lo que extraño más de mis hijos no son las cosas más grandes, sino las más pequeñas, la hora de almuerzo, el tetero de la tarde, y hasta las locuras de las mañanas.
  16. Es más divertido arreglarme en las mañanas con una película de niños en el fondo.
  17. Soy capaz de hacer millones de cosas en el día, mientras no pare, no me siento cansada.
  18. Aunque crea que nunca he estado tan cansada, siempre es posible estar un poco más.   Créeme.

Nunca dejará de ser difícil dejar a tus hijos en casa.  Nunca.  Pero, cada día presto más atención a las mamás que admiro y todos los días dejan a sus hijos en casa para ir a trabajar, verlas hace todo más fácil.  Si ellas pueden ser increíbles mamás, yo puedo también.  Así que a ti mamá trabajadora, te pido que no te rindas, porque aunque no lo sepas, lo más seguro es que tú seas para alguien: inspiración.

7 Tips para amamantar fuera de casa

Amamantando fuera de casa Amamantar fuera de casa2

Cuando salimos con nuestro bebé mientras estamos amamantando, suele suceder que, estando fuera, llega la hora de comer.

Recuerdo las primeras salidas, me ponía tan nerviosa.  Ahora soy un poco más experta, pero aún así, mientras más crece mi hija, más difícil es.  Se mueve más y  no quiere estar cubierta.  Y es que, aunque sea natural, yo siempre me cubro.  Sé que muchas mamás no sienten pena de amamantar sin cubrirse, yo no soy una de ellas.

Les cuento qué me ha funcionado para amamantar fuera de casa:

  1. Darle antes de salir para no tener que hacer una parada de emergencia: en mi caso intento dejar 30 minutos reservados para dar pecho justo antes de la hora de salida.
  2. Pensar cuál sería el mejor lugar para darle de comer según el plan del día: hay lugares donde puedo dar cómodamente y lugares donde realmente no me gustaría darle, donde no hay ni donde sentarse, o donde simplemente me tocaría darle en el carro (porque jamás he dado en un baño).   Así que escoge tu lugar antes.  Por ejemplo en un centro comercial es más fácil porque hay sillones en varios puntos, restaurantes, etc, incluso a veces hay tiendas de niños que tiene cuartos de lactancia.
  3. No esperar a que el/la bebé llore de hambre: mi bebé come cada 3 hrs, es un reloj.  Si veo que ya se acerca la hora o está empezando a inquietarse,  me acerco al lugar donde le voy a dar.  Mientras más grande está, más importante se convierte esto, porque si tiene mucha hambre, se mueve muchísimo y tanto darle, como cubrirme son misiones imposibles.
  4. Usar ropa (tanto blusas como brassieres) de fácil acceso: blusas de botones y t shirts son mi uniforme para amamantar.  Los vestidos son un NO, a menos que sea de botones o especial para amamantar, de lo contrario ¿cómo?  Otro tip que me funciona es siempre tener una camiseta de tirantes debajo para estar cubierta cuando me levanto o abro la blusa.  Así es como me siento más cómoda, y la clave de todo es la comodidad.
  5. Hacer contacto visual con mi bebé al darle de comer: los bebés se inquietan mucho al estar cubiertos, y si no te pueden ver es más difícil que se calmen.  El contacto visual los tranquiliza.  Lo mejor para mí, son los cobertores tipo gabacha o delantal porque puedo ver a mi bebé.
  6. Usar ropa fresca: nunca había sudado tanto en mi vida como ahora que doy pecho.  Siempre fui friolenta, y ahora, sin importar si tengo el aire acondicionado frente a mí, cuando estoy dando de comer, siento que muero de calor.  Trato de no vestirme muy abrigada porque de lo contrario se convierte en un sufrimiento.
  7. Actitud relajada: a veces es estresante, en especial cuando tienes 50 personas a tu alrededor, tu bebé llora y tu no logras sacar el pecho sin que el mundo entero te vea.  Respira.  Arrulla un poco a tu bebé si es necesario, pero mantén la calma.  Todo será más fácil así.

Yo tengo muchas historias divertidas y algunas de terror, pero, la experiencia se gana haciendo las cosas (aunque siempre está bien aprender de lo que les pasa a otras mamás).

Encontrarás gente a la que le incomoda, aún estando cubierta, encontrarás gente que no para de hacerte preguntas, encontrarás todo tipo de gente.  Cada quien con los suyo.  Mi bebé tiene que comer, y si a alguien no le parece, nos juntaremos más adelante.  Por ahora, esta soy yo, y vengo con una personita pegada a mí, una personita para la que yo soy todo, no solo su mamá, sino su fuente de alimento también.

Mamá regresa a trabajar

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La mayoría de mamás sentimos una mezcla de emociones cuando nos toca regresar a trabajar después de la licencia de maternidad.  Con mi primer hijo fue difícil, no estaba lista ni clara de si regresar era lo que quería hacer.

Esta vez me tomé más tiempo, tuve la oportunidad de pasar unos meses adicionales sin goce de sueldo, y ahora luego de 8.5 meses fuera, regreso al mundo laboral.

Dejar a nuestros hijos siempre es difícil, ver sus ojitos al cruzar la puerta no deja de ser duro.  Me imagino que después de pasar tanto tiempo fuera también me costará adaptarme al ritmo de vida de ser mamá trabajadora.

Los pagos se hacían a tiempo, las compras de la semana estaban listas el lunes al medio día, si hacía falta algo, tenía tiempo para ir a comprarlo, y si estaba muy cansada después de una mala noche, podía simplemente no salir de casa.

Esto se acabó, mi vida ahora será: correr, correr, correr.

Y aunque en el fondo todavía me da tristeza perderme muchos “primeros” de mis hijos o  no ser yo quien los cuide, sé que lo que realmente me pone nerviosa es el cambio, tanto para ellos como para mí.

Pero dentro de todo, debo admitir que también me emociona… Me emociona volver a ponerme tacones todos los días, me emociona poder vestirme sin preocuparme mi ropa terminará con todo tipo de manchas imposibles de identificar, me emociona sentarme en una silla en vez del piso por unas horas, me emocionan los nuevos retos intelectuales, me emociona aprender cosas nuevas, y la verdad, también me emociona recibir un cheque cada mes.   Me emociona poder hacer tantas cosas.  Me emociona sentir esa ambición.

Y, aunque regresar a trabajar después de dos bebés es dos veces más difícil, es más fácil también, porque en el fondo, a pesar de las dudas, sé que todo estará bien.

Agradeciendo por cada día

AgradecidaMuchas de las mamás que leen este blog son de Guatemala, así que están familiarizadas con lo que sucedió la semana pasada en nuestro país.  Y creo que no podemos evitar que nos afecte.  Aunque en todos lados estén pasando cosas, cuando pasan tan cerca, es imposible no sentir empatía, imposible no sentir dolor.

Todos estos días me he levantado pensando en esas personas que en cuestión de segundos perdieron más allá de lo material, perdieron su vida completa, perdieron a su familia.  Padres que perdieron sus hijos, hijos que perdieron sus padres, esposos que perdieron a sus esposas y viceversa, familias que hoy lloran porque de un segundo a otro están incompletas.  Gente que se despertó como un día normal, fue a trabajar, y regresó a su vida cambiada para siempre.  Me imagino que levantarse cada uno de estos días es como estar en una pesadilla, y no puedo pensar en lo que están sintiendo.

Así que hoy agradezco todo lo que tengo, agradezco porque puedo despertarme con mis hijos cerca y abrazarlos y llenarlos de besos, agradezco por mi esposo, mis papás, mis hermanos, mis tíos, primos, mi abuelito, agradezco por mi familia.  Los invito a todos a agradecer por todas las cosas que damos por sentado y a valorarlas aún más.

Ante esta situación, me llena de esperanza ver que los guatemaltecos son un pueblo solidario y con ganas de ayudar.  Sigamos colaborando como podamos.  Pidamos por todos nuestros guatemaltecos que están sufriendo esta tragedia, por todos los que hoy se levantaron con el corazón roto por esta situación.  Pero sobre todo, que nuestra ayuda no se quede aquí.  Que nuestra ayuda no se limite a situaciones trágicas  Que de aquí para adelante seamos colaboradores positivos en lo que podamos, desde la persona que tenemos sentada al lado, hasta gente que está mucho más lejos, pero aún así, cerca.  No sabemos cuantas familias están pasando por situaciones difíciles, y siempre hay algo que podemos hacer.  Que nuestra solidaridad vaya más allá, que nuestra solidaridad trascienda.

No tomemos nada, nada por seguro. Hagamos la llamada que tengamos que hacer, digamos las cosas que queramos decir, y sobre todo, disfrutemos cada día a nuestra familia, llenemos de besos a nuestros esposos y nuestros hijos, porque hoy hay muchos que no pueden hacerlo más.

Mamás juzgando a mamás

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No mas criticas

Estoy en varios grupos de mamás en Facebook y lo que tienen todos en común es que siempre critican a otras mamás, porque regañaron muy fuerte a su hijo, le negaron algo, no quisieron amamantar, no quieren hacer colecho, etc.  No es solo en redes sociales, ¡es en todos lados!

Nunca me enteré cuándo nombraron mamás policías de la maternidad.  ¿En qué momento anunciaron que sólo por el hecho de ser mamás tienen derecho a criticar a otras? ¿Cuándo les dieron potestad de actuar de jueces de quién es buena o mala mamá? Y más que nada ¿quién les dijo que eran tan perfectas como para poder decir cómo deberían hacerse las cosas?

Quien sea una mamá perfecta que tire la primera piedra.  Guarda tu bolsa de piedras porque hablando en serio, nadie es perfecta.

Cada una de nosotras hace lo mejor que puede, cada una con sus errores, sus estilos y sobre todo, sus circunstancias.  Todas somos diferentes.  Todas somos humanas.

Se perdió la empatía.  Se perdió el escuchar antes de hablar. Se perdió la privacidad.  Se perdió la tolerancia.  Pero sobre todo se perdió el respeto.

Nadie tiene derecho a juzgar y criticar a otra mamá sin tener idea de las circunstancias, necesitamos entender que hay diferentes tipos de maternidad y que la mía y la tuya sean diferentes no nos da derecho a querer ofender a otras.

¿No es suficiente tener que escuchar opiniones de familiares y amigos que creen saber cómo debemos hacer las cosas? ¿No es suficiente estar siempre en el centro de las críticas? ¿No deberíamos unirnos en vez de separarnos y hablar mal del estilo de la otra?

Personalmente, me ha tocado arrastrar a mi hijo en el centro comercial porque simplemente decidió que no quiere caminar, ni ponerse de pie, ni estar cargado… a veces va feliz, a veces va llorando, pero tiene que entender que no me domina, y sus berrinches tampoco.  Me ha tocado regañarlo fuertemente frente a otros niños, tiene que aprender que la disciplina no conoce de lugares.  Me ha tocado meterlo a la fuerza en el coche (carruaje) porque no puede seguir corriendo por todos lados sin hacer caso. Me han tocado días duros donde la que termina llorando soy yo, me han tocado muchas situaciones así, y sé que a ojos de ciertas mamás estoy haciendo las cosas mal, algunas podrían hasta decir que estoy “humillando” a mi hijo al regañarlo, pero yo no lo creo así, para nada.  Él tiene que aprender que no importa donde estemos, con quien estemos, y lo que estemos haciendo, las reglas aplican por igual.

A veces tengo más miedo de ser como soy frente a otras mamás, a veces se me olvida que no lo hago por ellas, lo hago por mis hijos.

¿Por qué no te acercas a la mamá en privado para decirle lo que piensas? Da un consejo y no una crítica, pasa de ser alguien que juzga a alguien que ayuda, haz que se note que la intención es buena.  Pero por favor, deja de creer que tienes la última palabra, acepta que existe allá afuera, alguien mejor que tú.

Acelerando las etapas de nuestros hijos

Acelerando las etapasHace mucho tiempo escuchaba una canción que decía “Caminar contigo es tan maravilloso, pero no debemos correr, sería peligroso” de Servando y Florentino.  Me encantaba esa canción.  Pero a veces como mamás se nos olvida hacer esto.  Nos convertimos en impacientes.

Nuestro primer bebe es una emoción tan grande, que queremos que todas las etapas lleguen demasiado rápido.  Darle su primera comida, introducir alimentos nuevos, cambiar la silla del coche, son ejemplos de cosas que aceleramos sin darnos cuenta si nuestro bebé está o no listo.

Cuando cumplen 4 meses no podemos esperar la hora de darles comida, cuando comen frutas y verduras no podemos esperar el momento de darles pollo, carne, y de ir introduciendo cada día más cosas… Estamos tan ilusionadas.  Pero a veces, nos aburrimos antes que los niños, solo porque ya nos cansamos de darle zanahoria por ejemplo, no significa que tengamos que darle otra cosa.  Cada cosa a su tiempo.

Con mi segunda bebé, me he vuelto mucho más relajada en cuanto a cambio de etapas, y me he dado cuenta de que hay etapas que aceleramos sin darnos cuenta, y que de igual forma van a llegar, solo es cuestión de semanas.

Tal vez me he relajado mucho, mi hijo tiene más de 2 años y aún duerme en cuna, usa pañal, chupón (pepe) y toma tetero (pacha).  A veces me estreso.  A veces creo que lo estoy atrasando.  Pero realmente él no está listo para dejar estas etapas.  Y ahora me he preocupado más por lo que él necesita que por lo que yo quisiera hacer…

Me imagino que así será siempre, siempre nos vamos a ilusionar con lo que viene, pero creo que debemos aprender a disfrutar más lo que estamos viviendo. Si aún no están listos para comer, si aún no están listos para gatear, si aún no están listos para pararse, si aún no están listos para caminar, si aún no están listos para correr, si aún no están listos para volar… Dejemos que vayan a su ritmo, a su tiempo.

Es difícil hacerlo, claro, estamos acostumbrados a querer ir siempre hacia adelante, pero esperar, disfrutar el presente es el mejor consejo que me han dado, porque las etapas no regresan, y cuando menos sientas tendrás un niño corriendo a tu alrededor mientras ves videos de cuando se arrastraba antes de gatear, tendrás a un niño que no quiere que lo cargues mientras ves esas fotos donde tu cuerpo sale en una posición extraña por tener en tus brazos a tu bebé inquieto, cuando sientas habrán crecido.

Como saben, para mí, la etapa de bebé es más difícil que la etapa de toddler.  Pero no sé si la viviré de nuevo en el futuro, no sé si volveré a tener en mi hombro una cabecita, no se si volveré a dormir a alguien meciendola con un abrazo, no sé si volveré a escuchar esos ohs, ahs, las sonrisas a carcajadas por un espejo, y los gritos, no sé.  Así que ahora disfruto.

Sorpréndete de los avances, cargalo, observalo comer, arrastrate, camina, corre, escucha, salta con ellos… ¡Goza! Cada etapa trae sus retos.  Pero hay algo que todas sentimos más adelante, y es nostalgia, nostalgia cuando tu bebé deja de ser bebé.

Mis mañanas ahora son de mis hijos

Mananas para mis hijosMananas para mis hijos 2Cuando salí de maternity leave, mi plan era un poco egoísta, me estaba tomando casi 1 año, así que creí tener tiempo para todo.  Quería estar con mis hijos pero también añoraba tiempo para mí.  Claro está hice todo un plan que funcionaría perfecto para poder dedicarme varias horas al día, y al mismo tiempo aprovechar a mi toddler y a mi bebé.

La vida me ha enseñado que desde que tengo hijos, “el plan” o esa imagen perfecta solo ocurre en mi cabeza, y ésta vez no fue la excepción.  Mi hijo se enfermó y lo tuve que sacar del colegio, así que “el plan” quedó truncado desde el primer día.

Al principio me sentí demasiado frustrada, he trabajado desde la universidad, y sentía que me merecía por lo menos las mañanas.  Luego me frustré aún más porque tenía todo un listado de cosas “personales” esperando y simplemente no podía avanzar.

Doctores, supermercado, bancos se volvieron los lugares frecuentados, y ni hablar de hacerme un manicure/pedicure, prácticamente una tarea imposible, había otras cosas en la lista mucho más importantes.

Cualquiera diría que debo agradecer por este tiempo, agradecer la oportunidad de estar con ellos, y lo agradezco.  Pero, también es difícil que cada vez que me siento a avanzar en lo que tenía pensado, alguno de los dos pide ser cargado, cuando estoy listas para abrir la computadora, escucho un “mamaaaaaá”… y en ese momento pienso ¿por qué no me dejan hacer nada?  La pregunta que me hacía todos los días con desesperación, ¿por qué no me dejan avanzar en nada?   Hasta que tomé una decisión.  Decidí que no iba a preocuparme más por mi lista, varias cosas pueden esperar, pero estar con mis hijos no.

No ha sido fácil tomar la decisión, tenía muchas metas para este tiempo, quería construir en 8 meses lo que no había logrado hacer en años de mi vida.   Y sí, probablemente no volveré a tener meses así, y volveré a una vida de correr todo el tiempo donde mis minutos libres son 100% para mis hijos, pero tendré que hacer que las cosas funcionen.

No voy a mentir, todavía hay días que pienso que debería enfocarme en mí estas semanas antes de regresar a trabajar, terminar todo lo que creí que iba a terminar, avanzar todo lo que había planeado avanzar, cumplir con lo que quería cumplir… No es que haya renunciado a mis planes, a mis sueños, para nada, pero, por el momento, lo único que puedo hacer es dedicarles un poco de tiempo, pero mucho menos tiempo que el “planeado”, las fechas con las que me había comprometido conmigo misma han sido aplazadas.

Ir a la piscina, hacer galletas, jugar con espuma, hacer carreras, ba ilar, cantar, han sido las actividades que se adueñaron de esas horas que había planeado para otras cosas, sé que nadie me va a devolver este tiempo con mis hijos, así que por ahora, no hay mejor meta que disfrutar esas sonrisas la mayor cantidad de horas al día que pueda, ya que gozándomelos a ellos es que tengo la seguridad de que esta decisión fue la correcta, que esas metas aplacé realmente pueden esperar.

Algún día tendré mis mañanas, algún día tendré mis tardes, algún día tendré días completos para hacer las cosas que quiero hacer ahora, probablemente falte mucho para eso, pero al mismo tiempo, no falta nada, los niños crecen tan rápido, que cuando sienta estaré sola sentada en la computadora esperando que alguien venga corriendo a gritar “mamaaaaaaaaaaaaá” cuando quiero hacer algo para mí.

Mamá está muy cansada para jugar

Dias como hoy

(Post in English below)

Necesito que entiendan a mamá por unos minutos hoy.  Hay días donde el cansancio que siento es extremo.

Días como hoy donde cada vez que uno de ustedes llora por un juguete, yo quiero hacer el mismo tipo de berrinche pero para que me dejen dormir unos minutos.

Quiero pedirles perdón, porque honestamente estoy demasiado cansada para jugar.  Los escucho.  Créanme.  Escucho sus llantos por cierto juguete.  Llantos por mi atención.  Quisiera poder responder, pero mi cuerpo no lo logra.  Sé que lo único que quieren es jugar, pero no tengo las fuerzas.

Hoy no tuvieron una mamá, tuvieron una mombie (mamá zombie), que lo único que hacía era cuidar que no se mataran entre ustedes, que sobrevivieran la hora de juego.  Sé que necesitan más que eso, pero necesito que entiendan que días como hoy, estar despierta, cambiarles los pañales, darles de comer, limpiar los desastres, y acostarlos a dormir, es todo lo que puedo ofrecerles, no tengo nada más que dar.

Hoy jugaron por 1 hora con mi cámara, el lente terminó súper sucio, el control inalámbrico cubierto de babas, y mi tarjeta de memoria con 1,000 fotos donde si mucho hay 3 rescatables (como la que coloco aquí), pero no importaba porque era la única forma de entretenerlos sin llantos.  Días como hoy les dejaré jugar con juguetes de mamá si lo piden, les presto todo lo que quieran mientras no represente riesgos.  Días como hoy, pueden aprovechar.

Necesito que entiendan que, en nuestra vida, habrán días así.  Días donde mamá está pero no está, días donde mamá se acostará en el piso en vez de bailar y cantar canciones, días donde mamá estará un poco más viendo el celular que celebrando cualquier cosa que ustedes hayan hecho, días donde recibirán más regaños que abrazos, días donde verán más lágrimas que sonrisas… y saben qué, mamá se lo merece.  Pero aún así, les pido perdón.

No se rindan conmigo, sigan insistiendo en jugar, pero háganlo mañana, después de unas horas de sueño en la noche, prometo ser de nuevo la mamá que inventa juegos para ustedes, que canta canciones y que se ríe de las travesuras.

Pero mis niños, hoy, hoy mamá necesita descansar.

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I need you to understand mommy today.  There are days when I feel extremely tired.  

Days like today that every time one of you cries over a toy, I want to throw the same type of tantrum for a nap.  

I want to say I’m sorry.  Because honestly, I’m too tired to play.  I hear you.  Trust me, I do.  I hear your screams over a toy.  I hear your screams over attention.  I wish I could respond, but my body doesn’t make it.  I know all you want to do is play, but I have no strength.  

Today you didn’t have a mom, you had a mombie (mom-zombie), and all she could do was keeping you from killing each other, help you survive playtime. I know you need more than that, but I need you to understand that, days like today, being awake, changing your diapers, feeding you, cleaning up your mess and put you to sleep is all I can offer.  I have nothing else to give. 

Today you played for over an hour with my camera, the lens ended up filled with little fingerprints, the remote drooled, and my memory card with over a thousand pictures from which I could only rescue three (including the one from this post), but it didn’t matter, because I didn’t want you to cry. Days like today you can play with mommy’s toys, as long as they’re not dangerous.  Days like today, you can take advantage. 

I need you to understand that in our life, we will have days like that.  Days when mommy is here but she’s really not here, days when mommy will lay down on the floor instead of dancing and singing, days when mommy will spend the afternoon in her phone instead of celebrating what you’re doing, days when you will get more scolds than hugs, days when you will see more tears than smiles… and you know what? Mommy deserves those days.  But still, I’m sorry.

Please don’t give up on me, keep insisting on playing with mommy, but do it tomorrow, after a few hours of sleep, I promise I will be that mommy again, that mommy that makes up games, that sings songs and laughs at your antics.  

But my dear children, today, today mommy needs to rest.